Ciclo Nuevo

La duda nos alienta a reflexionar

¿Qué nos lleva a pensar y entender las cosas? Segunda parte: la duda

 

La filosofía es la disciplina que tiene por objeto el conocimiento, provisto de certeza, de todas las cosas, a la luz de la razón, explicado por sus causas primeras o últimas. Es un saber amplio, se ocupa de todos los entes.

El filósofo alemán Karl Jaspers, en  su obra “La Filosofía”, señala al asombro, a la duda y a las situaciones límite como los orígenes de la filosofía como pensar metódico.

Como lo que en esta página se propone es  incentivar al lector a analizar, pensar y entender, para luego poder tomar decisiones y actuar, también podemos por analogía reconocer que el asombro, la duda y la conmoción ante situaciones límite nos impulsan a aquellas acciones.

El asombro ya fue abordado en mi anterior artículo El asombro nos empuja a pensar y entender

 

 

La duda

 

Como ya vimos en el post anterior, el asombro nos impulsa a analizar y pensar, porque nos asombramos de lo nuevo, de lo que no conocemos. Asombrarse de algo lleva implícito la toma de conciencia de que ignoramos, total o parcialmente, eso que nos asombra.

La duda también nos lleva a analizar y pensar pero el mecanismo es diferente: dudamos del conocimiento que ya tenemos. De hecho, la duda aparece cuando ponemos en tela de juicio nuestros conocimientos.

Como el asombro, la duda también persigue la certeza, en este caso la certeza de nuestros conocimientos adquiridos.  En un momento determinado, todas las explicaciones y respuestas que supimos conseguir a nuestros interrogantes y a nuestra existencia ya no nos satisfacen. Surge la duda. Nos damos cuenta que nuestro saber es imperfecto, falible, y necesitamos reforzar esos saberes o sustituirlos por otros más adecuados y mejores.

La duda se manifiesta en una desconfianza a nuestros paradigmas, cuando sometemos al análisis crítico nuestros saberes, nuestros conocimientos y creencias.

La cuestión se torna más compleja aún, cuando tomamos conciencia que en cada aparente respuesta surgen nuevas dudas y la posibilidad de estar errados pareciera no tener fin.

 

 

Una actitud crítica

 

Veamos algunos casos en los cuales puede aparecer la duda:

 

  • Cuando tomamos conciencia que nuestros conocimientos son falibles,

 

  • Cuando nuestros conocimientos y creencias ya no dan respuesta a nuestros interrogantes,

 

  • Cuando tomamos conciencia que esos conocimientos, opiniones y creencias nos fueron sugeridos o impuestos por otras personas y necesitamos saber si realmente son ciertos, si nos representan, si son compatibles o se adaptan a nuestros pensamientos en general.

 

Poner en tela de juicio nuestros paradigmas, nuestros saberes, modelos y conceptos, es una manera de progresar, de evolucionar, sabiendo que la superación personal no es un proceso lineal, ni fácil, ni rápido. Es común la aparición de todo tipo de reacciones, resistencias y mecanismos de defensa.

 

¿Qué actitud debemos tomar entonces con nuestros conocimientos?

 

Veamos algunas posibilidades que tenemos:

 

  • Si tomamos real conciencia que todos nuestros conocimientos son falibles, que nunca podremos alcanzar la certeza absoluta, la duda nos podría llevar a un escepticismo y negar la posibilidad de conocer. La duda no tiene sentido alguno, ya que nunca obtendremos respuesta a nuestros interrogantes.

 

  • Otra postura ante la duda, quizás la más cómoda, es directamente delegar en alguien que piense por nosotros y nos dé esas respuestas que estamos demandando. Buscamos así a alguien que  resuelva nuestros interrogantes, a quien de alguna manera le abandonamos nuestra existencia. Sus saberes asumen ya sí el carácter de definitivos y no se cuestionan. ¿En qué personas se delega la gravosa tarea de pensar por nosotros? Ejemplos abundan: nuestros padres, nuestros amigos, nuestra pareja o cónyuge; el psicólogo, un maestro o profesor, un referente religioso, un líder político, un jefe, un superior jerárquico, un médico, y en general cualquier persona o institución que ejerce una autoridad.

 

  • La actitud más madura frente a esta problemática es, a mi criterio, asumir una postura abierta a la duda crítica, que consiste en reconocer que nuestros saberes pueden el día de mañana ser superados, mejorados o incluso refutados y sustituidos por otros.

Es razonable que esta última postura nos genere inquietud, ya que al darnos cuenta que nuestros conocimientos son de alguna manera provisionales, debemos tomar partido por alguna hipótesis de las varias a las que llegamos con nuestra razón, hipótesis que aparentemente son incompatibles entre sí, y para peor en muchos casos encontramos razones que fundamenten a varias de ellas.

Pero debemos tener la seguridad que esos conocimientos que hemos adquirido y/o elegido como los más razonables,  lo han sido de manera personal y consciente, debidamente fundamentados en uso de nuestras mejores capacidades y  valiéndonos de nuestro propio entendimiento.

Nuevamente hago hincapié en la honestidad intelectual como presupuesto fundamental para resolver nuestras dudas.

Si te interesa el tema también puedes leer mis posts La honestidad intelectual ¿qué es? ¿para qué sirve? y La honestidad intelectual en la vida cotidiana

 

 

Preguntas para pensar

 

¿Eres muy estricto con tus pensamientos, opiniones, convicciones? ¿Podrías ponerlas en tela de juicio?

¿Alguna vez has delegado en otros la definición de pensamientos u opiniones? ¿En quiénes?

¿Has cambiado de opinión o pensamiento respecto a alguna cosa o creencia? ¿Por qué?

 

 

 

 

Deja un comentario