Ciclo Nuevo

En búsqueda de una señal. Un cuento (casi) fantástico. Parte 5

Esta entrada es la continuación de la Parte 4.

 

El hechizo del Volcán Poas

 

Seguía observando el volcán Poas cuando el guía nos indicó que debíamos continuar la excursión. Lenta y plácidamente, casi como aturdido, volví al ómnibus y me senté en mi asiento. Estaba muy tranquilo, algo energético había en ese lugar y produjo sus efectos.

 

“Hace un par de horas llegué a este mismo asiento jadeando porque la excursión partía y ahora estoy con tanta paz interior” pensé. Todo en la misma mañana. Tranquilo, pero sin respuestas aún.

 

De allí nos llevaron a las cataratas de La Paz. Todo el trayecto fui mirando por la ventanilla del ómnibus. Mi vista simplemente pasaba de objeto en objeto, no se detenía en ninguno. Oía una explicación que estaba dando el guía, pero no tenía intenciones de escucharla.

 

Toda esa sensación de estar en el aire siguió durante varias horas. Visité un mariposario donde, mientras miles de mariposas multicolores y de los más variados tamaños volaban a nuestro alrededor, entablé dialogo con una italiana que me enseñó que mariposa se dice farfalla en su idioma.

 

Más tarde visitamos un sector donde colibríes libaban néctar de unos comederos de plástico rojo. Los colibríes llegaban y comían, la presencia de humanos no parecía asustarlos. Nunca antes había podido escuchar el zumbido de sus alas, nunca antes había podido ver tantos colibríes y tan cerca. Fue justamente ese zumbido el que comenzó a despertarme de mi letargo.

 

 

Piedra – Lava – Volcán

 

Como era ya la hora del almuerzo, nos sugirieron comer algo antes de recorrer los senderos que nos llevarían a ver las cataratas. Ahí pasó algo que me hizo terminar de salir de ese estado de embriaguez que traía desde el Poas.

 

Al entrar al comedor, lo primero que hice fue ir al baño. Los grifos eran de roca natural, y el agua parecía salir de una cascada de piedra. Mientras me lavaba las manos, no dejaba de repetir las palabras “Roca – Lava – Volcán”. Esto significa algo. Los volcanes, la roca, algo de la naturaleza tiene que ver con lo que estoy buscando.

 

 

Volví a la mesa y pedí algo para comer. “Roca – Lava – Volcán” seguían retumbando en mi cabeza. Terminamos de almorzar y seguía repitiendo esas tres palabras.

 

Antes de regresar a San José, nos dieron 45 minutos para recorrer los senderos que conducían a las cataratas. Fue allí cuando, me pareció, mientras ingresaba a un bosque nuboso cada vez más cerrado, más  sofocante, que las cosas comenzaban a tener  un sentido. “Roca – Lava – Volcán” poco a poco fueron dejando de sonar.

 

Siempre me atrajo el agua cayendo, y esas cataratas eran y son una maravilla de la naturaleza. Subí y bajé muchas escaleras. Estaba al final del sendero cuando caí en la cuenta que ya era hora de partir. Corrí y corrí subiendo escaleras, hasta estuve en un par de ocasiones a punto de resbalar, pero llegué justo al ómnibus mientras los últimos pasajeros ascendían.

 

A media tarde ya estaba de vuelta en San José. Sentía que las cosas comenzaban a cobrar otra dimensión, los puntos comenzaban a unirse por una línea, débil pero línea al fin.

 

 

El último volcán ¿traerá las respuestas?

 

Me faltaba visitar un volcán pero casi inconscientemente lo dejé para último momento. Quería relajarme y divertirme un poco. Así los siguientes días los dediqué a pasear y hacer turismo aventura. Un día hice rafting en el río Pacuare; otro visité una isla tropical sobre el Pacífico. Fui a conocer playas y parques ecológicos sobre el Caribe. Hice canopy entre árboles y torres metálicas muy elevadas. Crucé colgado de un arnés un valle. Casi que no pensé más en buscar sentidos.

 

Así, llegó mi penúltimo día en Costa Rica. Y tenía pendiente conocer el Irazú. El tercer y último volcán, el que supuestamente me permitiría clarificar mi mente. Pero, casi como un mecanismo de defensa, lo postergué hasta el final. Como si no quisiera tener las respuestas.

 

 

 

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