Ciclo Nuevo

En búsqueda de una señal. Un cuento (casi) fantástico. Parte 4

Esta entrada es la continuación de la Parte 3

 

 

Costantino me va a escuchar

 

Me desperté antes de que sonara el despertador. Tenía una mezcla de frustración y enojo. El día anterior había ido muy entusiasmado a (intentar) ver el volcán Arenal, buscando quien sabe qué, y no lo había podido ver.

 

Desayuné rápidamente y me dirigí a la agencia de viajes. La mañana estaba bastante fresca, pero como siempre me pasó en San José, por la tarde hacía calor. Es que por la altura de la ciudad, algunos califican el clima de allí como la “primavera eterna”. Hace calor durante el día, pero por las noches refresca y permite un buen dormir.

 

Algo le tenía que decir a Costantino; él no me había advertido lo difícil que resulta ver el volcán. Mientras caminaba a paso firme por esas calles céntricas, pensaba que encararlo me haría bien. Muy bien. Para mí, él era el responsable de mi frustración, y se lo haría saber.

 

Entré al edificio, y subí esos dos pisos por la escalera sucia mientras imaginaba la catarsis que haría. Mentalmente fui contando los escalones. Al llegar al segundo piso, observé que había una pareja esperando en la puerta de la agencia. Miré el reloj y recién ahí me di cuenta que era realmente muy temprano: faltaban más de quince minutos para el horario de apertura.

 

 

¡Rápido! ¡Se va la excursión para el volcán Poas!

 

Desde el vidrio de la puerta se lo podía ver a Costantino trabajando en su escritorio, mirando fijamente la pantalla de su ordenador. No terminé de acercarme a la puerta cuando levantó la vista, me miró, y me hizo un gesto que no supe decodificar. Quizás esperaba alguna reacción mía –que no hubo- y seguramente se dio cuenta. Tras lo cual, se puso de pie y se dirigió a la puerta, que estaba cerrada con llave. Abrió la entrada, y con una sonrisa nos saludó.

 

-“Faltan unos minutos para abrir, pero pasen por favor”- nos dijo sin perder la sonrisa.

 

-“Los señores estaban primero”, indiqué, señalando con un gesto a la pareja.

 

Costantino estaba vestido con una camisa celeste que lucía impecable, como recién estrenada. De su cuello colgaba una cinta roja con una tarjeta identificadora. En esa tarjeta, una foto de un sonriente y bronceado Constantino mostraba sus dientes blanquísimos; a su lado decía en letras grandes “Costantino – Travel Agent”.

 

Se presentó hablando en inglés a la pareja -más adelante me enteré que eran de Washington DC- pero esta vez no aclaró “not Constantino”. No hacía falta. Les pronunció muy lentamente su nombre mientras señalaba con el dedo índice su tarjeta identificadora. Ya no  había dudas de la grafía correcta.

 

La pareja contó que había llegado el día anterior y no sabían que visitar. Costantino en un correcto inglés les recomendó que comenzaran con una excursión que visitaba el volcán Poas, las cataratas de La Paz, y el Parque Nacional Braulio Carrillo. Cuando escuché Poas presté atención a la conversación porque ese sería mi próximo destino. De pronto interrumpió su explicación e hizo una llamada telefónica.  Mientras hablaba, y sin cortar la comunicación, con el tubo pegado a su oreja, se dirigió a ellos:

 

-“Justamente esta excursión está saliendo en 10 minutos desde la plaza ubicada a 200 metros  de aquí y hay lugar, ¿les interesa?

 

El señor miró a su esposa, quien con cara de sorpresa asintió.

 

-“¡yo también quiero ir!” exclamé.

 

Costantino no me miró, pero retomó su conversación al teléfono y dijo que tres personas iban para allá. Cortó, y nos sugirió que nos apuráramos,  dándonos las indicaciones para identificar el bus.

 

Salimos raudamente de la oficina, y mientras caminábamos casi al trote hacia la plaza, pensaba como Costantino se había salvado de escuchar todo lo que pensaba decirle.

 

 

 

Visitando el segundo volcán

 

El ómnibus verde estaba allí, en la esquina, con varios turistas sentados y mirando por las ventanillas. Me adelanté y le dije al conductor que nosotros éramos las tres personas que veníamos de parte de Costantino, tras lo cual subimos e inmediatamente partimos hacia el Volcán Poas, a donde llegaríamos una hora y media más tarde.

 

El Poas sería el segundo volcán que visitaría, tras el intento frustrado del día anterior al Arenal. ¿Encontraría allí alguna señal?

 

El ómnibus se detuvo en el parking y el conductor, que hacía de guía, nos acompañaría durante la visita.

 

Tras una breve caminata atravesando  un sector de bosque tropical muy húmedo, llegábamos al sector de observación del cráter principal. Pensé que sería aburrido quedarse mirando el lago de aguas turquesas, sin embargo estuve casi cuarenta y cinco minutos que se me pasaron rapidísimo. El lugar mágicamente me hipnotizó. Cada tanto el viento cambiaba y las fumarolas venían hacia nosotros invadiéndonos con un característico olor a azufre, sin embargo yo no me moví.

 

-“Qué tendrá que ver todo esto que me está pasando?”,  pensaba. No había podido ver el Arenal, sin embargo el Poas me daba revancha.

 

Fue, quizás, un momento de reflexión en el viaje. El segundo, ya que el primero había sido en la plaza principal de Heredia. Había llegado bastante estresado a Costa Rica y necesitaba ordenar mis pensamientos. Que, por cierto, eran muchos, y llegaban a mi conciencia rápidamente.

 

“Las aves, mis compañeros de juego, el escritor marxista y su libro que fue un fracaso editorial, el código notarial, la mujer enamorada del actor, Costantino, los volcanes…. ¿cuál sería el punto en común de todas estas cosas ?. ¿Qué querrán significar?”

 

Poco a poco la temperatura fue aumentando. Mientras mi mirada seguía el humo de las fumarolas, no dejé de pensar y pensar. Más y más imágenes se ve agolpaban en mi conciencia. Costa Rica, las normas de aviación civil, el vulcanólogo alemán de la revista de Lufthansa…. Todo tenía que tener alguna relación de causalidad, de conexidad, pero yo no la estaba encontrando y mucho menos descifrando.

 

Tenía una sensación de paz, pero sabía que no podía detenerme en ella. Había algo más, porque tenía en claro que no había ido a Costa Rica buscando paz. Sin embargo, entendí que era necesario tener un poco de paz para encontrar respuestas. Como necesité tener un poco de paz para superar los ataques de pánico.

 

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