Ciclo Nuevo

El lema “sé lo mejor que puedas”

Cuando tenía trece o catorce años, estando con un amigo, entramos a una casa de venta de artículos deportivos. Muy desinhibidos  nos dirigimos hacia la caja y le pedimos al encargado si no tenía stickers para regalarnos. Era sabido que las grandes marcas enviaban a los locales, junto con la mercadería, material publicitario, y los stickers (pegatinas, calcomanías) eran muy buscadas. Nos entregó sendas pegatinas bastante grandes, del tamaño de una hoja de cuaderno. Salimos felices con nuestros tesoros en las manos. La que me había tocado a mí era –lo recuerdo perfectamente- publicidad de la marca Prince, fabricante de raquetas de tenis, y decía en letras doradas sobre un fondo negro la siguiente frase: “Be the best you can be”. Recuerdo haberla pegado en la cara interna de una carpeta y que  mis compañeros de colegio la elogiaran… bah, en realidad creo que deseaban tenerla.

 

 

Sé lo mejor que puedas

 

Es una frase que de alguna manera representa algunos aspectos de mi vida. Me gusta especialmente porque invita a mejorar, a perfeccionarnos, pero dentro del marco de nuestro yo. No dice “Sé el mejor alumno, el mejor hijo, el mejor abogado, el mejor ciudadano”, dice “sé lo mejor que tú puedas”. Aquí el punto de comparación es siempre uno mismo y no un tercero.

 

En la época de estudiante universitario aprendí que no siempre el que estudia aprueba, especialmente en exámenes finales orales. Me ha pasado de tener que enfrentar a profesores en un mal día y que de dieciséis estudiantes que rendimos examen sólo aprobaron dos, evidentemente entraron en juego otros factores ajenos al conocimiento. Por otro lado, nobleza obliga, debo reconocer que en otros exámenes en los cuales no había ido preparado al máximo la suerte estuvo de mi lado y aprobé porque los temas que me tocaron eran justo los que había estudiado, o el profesor estaba cansado y quería retirarse por lo que los exámenes eran, a medida que transcurrían las horas, cada vez menos incisivos y más breves.

Por eso el “sé lo mejor que puedas” es aplicable en este caso: hay que estudiar lo máximo y mejor, dentro de nuestras posibilidades, para poder aprender y aprobar –muchas veces nos olvidamos que un examen forma parte del proceso de aprendizaje, y en lo único en que pensamos es en aprobarlo-. Si tu  meta no es “sé lo mejor que puedas” sino “sé el mejor”, y tras un examen lo apruebas pero  no obtienes la nota máxima, te sentirás frustrado, así si obtienes un nueve sobre diez tendrás la sensación que podrías haber sido mejor aún.  Si has estudiado a conciencia, no has dejado temas sin ver, y aun así no apruebas, debieras tener la conciencia tranquila de que tú has dado lo mejor de ti, has sido lo mejor que pudiste ser, y los resultados ya no dependían de variables que estén bajo tu control.

 

Lo mismo pasa en el ámbito laboral, algunos profesionales buscan ser los más eruditos, los más buscados por sus clientes, los que tienen las oficinas más lujosas, los que más facturan, o los que más crecen. Nunca fui de ellos, por el contrario, siempre crecí dentro de mis posibilidades y si veía que el servicio que les podía brindar a mis clientes no era bueno, simplemente no tomaba el trabajo. De alguna manera no tenía que demostrar nada a nadie, sólo a mí mismo y a mi conciencia. Siempre traté de estar actualizado y mejorar el servicio que brindaba, pero con el objeto de pensar la relación con mis clientes a largo plazo; me preocupaba más retener y fidelizar al cliente que conseguir nuevos. Los nuevos clientes vendrían por añadidura, por recomendación de otros clientes, y así fue.

 

Volviendo al primer párrafo, les cuento que soy un jugador aficionado de tenis, y ya que la pegatina que da título a esta entrada era de una marca de productos de ese deporte, viene a cuento la siguiente reflexión.

Cada tanto veo a comentaristas y periodistas deportivos preguntarles a los tenistas sobre su puesto en el ranking. Hay una obsesión con ser el número uno, el mejor del planeta,  y creo –creo, porque nunca estuve ni estaré en ese lugar- que si yo hubiera sido jugador profesional –soñar no cuesta nada- tendría otros objetivos más inmediatos; por ejemplo me hubiera gustado ganar al menos una vez cada uno de los cuatro torneos que componen el Grand Slam. (Como dije renglones arriba, soñar no cuesta nada, así que mi sueño es a lo grande). Ser número uno, cuatro, o diez es una consecuencia de jugar bien y ganar torneos, una meta muy mediata. Además ser el mejor implica una comparación con otros, con todos los otros jugadores, ser el mejor que puedas es compararse con un mismo.

 

Por eso me gusta el lema “ser lo mejor que puedas”, porque el único límite que tengo con mis propias capacidades y mi propia voluntad.

 

 

 

Deja un comentario