Ciclo Nuevo

El fenómeno del bullying y nuestra responsabilidad como padres – Parte 1

¿Qué es el bullying?

Tiempo atrás se puso de moda la palabra bullying  para designar un comportamiento muy habitual –lamentablemente- dentro del ámbito escolar. Con este anglicismo se hace referencia a distintas formas de maltrato y acoso entre alumnos de colegios. Si bien estos fenómenos se dan principalmente en la escuela, no es el único lugar donde se manifiestan.

 

Analizando el tema con mayor profundidad, podremos ver que, en edades más tempranas, generalmente de niños en escuela primaria y preadolescentes, el bullying consiste principalmente en distintas agresiones directas, ya sean físicas (como golpes y peleas) y verbales (insultos, chistes pesados).

 

Ya entrando a la adolescencia, aparecen también comportamientos más complejos e indirectos, ya sean amenazas, daños a pertenencias de la víctima del acoso, chismes, maltratos psicológicos y rechazo social.

 

Si bien estos comportamientos son propios de una edad determinada que coincide con la pre adolescencia y adolescencia, no siempre es así y pueden darse antes o extenderse con el tiempo.

 

 

¿Cualquier comportamiento agresivo en el colegio configura bullying?

 

No todo conflicto entre escolares o entre pares puede ser categorizado como bullying, hay que tener en cuenta que el niño / adolescente está configurando su personalidad, es inseguro y busca la aceptación de sus compañeros; en este contexto algunas peleas o conductas agresivas tienden a establecer la confianza y la autoestima.

 

Para que se pueda hablar de bullying, esas conductas son sistemáticas, el maltrato es persistente y se extiende en el tiempo. Muchas veces la agresión trasciende ámbitos espaciales: un niño acosado en el colegio puede ser tiempo más tarde acosado en su trabajo.

 

En cuanto al bullying dentro del colegio, se suele dar en aquellas circunstancias en las cuales los niños no estén bajo el cuidado directo de los maestros y personal de la institución; por ejemplo en los sanitarios, en los recreos, o a la salida de la escuela.

 

Otro factor que hay que tener en cuenta es la intencionalidad del acoso: el acosador necesita tener dominio, poder, sobre el o los acosados. Se establece así una relación de sometimiento o dominación. El acosador amenaza, intimida y muchas veces concreta su agresión contra el acosado.

 

 

El acosador y la víctima del bullying

 

Si analizamos al acosador, no nos sorprenderá si descubrimos que él mismo es o fue víctima de situaciones violentas en su familia. De alguna manera, toda esa agresión que es volcada en su persona, mediante el bullying intenta desplazarla hacia otras personas con las cuales no tiene empatía alguna.

 

Respecto a la persona que padece el bullying, en general  se trata de individuos tranquilos, sin herramientas para enfrentar al acosador ni para defenderse de sus agresiones. Muchas veces coincide con personas sobreprotegidas por su familia, carentes de grandes dosis de autonomía y de confianza en sí mismos.

 

En esa relación acosador – acosado, este último percibe al primero como más fuerte y poderoso, y el acosador se da cuenta, consiente o inconscientemente, de su superioridad. Superioridad que, valga aclarar, no siempre es real. El acosado sufre esta situación, le produce frustración, aislamiento, irritabilidad, cambios de humor y de conductas; puede llegar a experimentar miedo a asistir a clases, bajo rendimiento escolar, y conductas inapropiadas ante la frustración.

 

En la próxima entrada veremos algunas estrategias que le podemos enseñar a nuestros hijos para enfrentar el bullying.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario