Ciclo Nuevo

Del narcisismo a la disgregación familiar. Parte 2

Esta entrada es la continuación de la Parte 1.

 

Buscando el reconocimiento

 

El yerno mayor, en ese momento trabajando en la contabilidad de su suegro, no tardó en darse cuenta de que la realidad era muy distinta a lo que contaba.

 

Si el lector recuerda un post anterior titulado “¿Para qué trabajas?”,  es importante tener en cuenta la respuesta a esa pregunta para entender muchas situaciones. En este caso, la respuesta era absolutamente evidente: Pedro trabajaba para ganar prestigio, reconocimiento, buscaba la gloria y no escatimó recursos en lograrla.

 

Como no había maldad en su ser, no se valió de herramientas de dudosa moralidad o perjudicó maliciosamente a terceros. En esos años su trabajo era como fabricante y distribuidor de productos químicos y su obsesión era ser el mejor vendedor de la empresa, y lograr el reconocimiento como tal. Tenía una fábrica –que nunca fue muy rentable- ,y también comercializaba productos de terceros.

 

Como la  competencia era dura, muy dura, no tuvo mejor idea que, para lograr su objetivo, vender los productos debajo del costo. Compraba a 100 y vendía a 95. Obviamente en  poco tiempo pasó a ser el mejor vendedor, ya que todos los minoristas sólo le querían comprar a él. Había logrado el título de “mejor distribuidor” y “más altos niveles de ventas”, acarició así la gloria tan deseada.

 

Los otros distribuidores no podía creer lo que estaba haciendo, se quejaron y se  lo hicieron ver a los ejecutivos de la fábrica de los productos; es que tampoco era negocio para la fábrica que un distribuidor vendiera por debajo del costo de producción. La situación se hizo insostenible y la fábrica intervino comprándole gran parte de las acciones de la distribuidora de Pedro. Para Pedro, este era un paso más en su exitosa carrera empresarial: su distribuidora era tan rentable que la propia fábrica tenía intenciones de adquirirla.

 

 

 

Un hombre de palabra

 

A esta altura seguramente el lector se preguntará de qué manera vivía Pedro y la respuesta es sencilla: del crédito. Pese a no haber recibido educación formal, Pedro era una persona muy educada y correcta en sus modales, era muy puntual, vestía elegantemente. Pero por sobre todas esas cosas, tenía una virtud sobresaliente y poco usual en estos tiempos: tenía palabra, honraba inexorablemente sus compromisos. Si decía “A”, era “A”.

 

Esa conducta, que mantuvo hasta su muerte, en lo financiero se traducía en crédito. Como era un excelente deudor, siempre conseguía que algún banco, alguna institución financiera, o hasta algún conocido le prestara dinero.

 

El yerno mayor advirtió esto y  alertó a su suegro de lo riesgoso de la maniobra: estaba perdiendo dinero, los únicos que se beneficiaban con creces eran sus prestamistas, y la situación no podría mantenerse en el tiempo porque las deudas crecían exponencialmente. Lejos de escuchar a su yerno, a Pedro le molestó su intromisión: en cierto modo esta persona a la que le dio trabajo era una amenaza para su relato, que se desmoronaría como un castillo de naipes ante tales evidencias.  Toda esta coyuntura agravó las diferencias que hacía entre sus hijas: con elegancia siempre denostó a su yerno, a quien calificaba como un simple empleado sin ambiciones, a diferencia de su otro yerno, a quien no dejó nunca de ensalzar como un prominente empresario con un futuro exitoso y brillante (como el suyo propio).

 

Pocos meses después, el ahora marido de su hija menor renunció a su trabajo con su  suegro, y consiguió un empleo en una oficina pública.

 

 

Diagnóstico: situación insostenible

 

Como era de esperarse, pasaron los años y finalmente las cosas hicieron eclosión: una tragedia natural afectó su emprendimiento e hizo inutilizable la fábrica, al mismo tiempo que una crisis  económica de grandes dimensiones azotaba el país. El crédito se contrajo hasta casi desaparecer. Ya no le resultaba fácil cancelar sus obligaciones, sin embargo nunca dejó de dar la cara. Hasta que un día, ya no le prestaron más dinero. Pedro tuvo que enfrentar sus grandes deudas con lo único que le quedaba de su patrimonio: un gran apartamento donde vivía con su esposa y el personal de servicio. Vendió la propiedad, saldó sus deudas y cometió uno de los errores más grandes de su vida: no previó que ya no contaba con ingresos, y en lugar de comprarse una nueva vivienda con el dinero que le sobró, alquiló un apartamento bastante grande, más grande de lo que ellos necesitaban. Ese alquiler le terminó comiendo el dinero que le había sobrado.

 

 

Según el cristal a través del que se mira

 

El diagnóstico era claro pero divergente de acuerdo a quien analizara las cosas.

 

Para el yerno mayor todo esto era algo anunciado y el desastre natural que arrasó su fábrica fue, de alguna manera, una desgracia con suerte: Pedro nunca reconoció que casi nunca ganó dinero con ella, sin embargo su terquedad no le permitía reconocerlo. Sin su fábrica ni su distribuidora, Pedro dejaría de perder dinero.

 

Para Pedro, en cambio, la mala posición económica que tenia y sus deudas tenía una causa clara:  la naturaleza. Nada mejor que, ante un fracaso, encontrar un culpable que evite tener que asumir responsabilidades propias.

 

Continuará

 

 

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