Ciclo Nuevo

Del narcisismo a la disgregación familiar. Parte 1

Del narcisismo a la disgregación familiar – Parte 1

 

Pedro era una buena persona. Tenía buenos sentimientos. Pero había algo de su personalidad que se destacaba por sobre todas las cosas: padecía de un trastorno narcisista.
Sus anécdotas giraban siempre sobre él, sobre sus logros deportivos, empresariales, familiares. Se consideraba una persona exitosa en todos los aspectos de su vida y así lo hacía saber a toda persona con quien conversara. Tenía una admirable habilidad para relacionar cualquier comentario que se le hiciese con algún acontecimiento de su vida, y terminaba la charla centrípetamente girando en torno de su persona, contando, por enésima vez, esas anécdotas que sus familiares ya se sabían de memoria. Era absolutamente monotemático.
Tal era su narcisismo que no solía generar empatía alguna, nunca parecía mostrarse demasiado interesado por los logros o problemas de sus allegados.
Estaba casado, tenía dos hijas, y gozaba de una situación económica holgada, principalmente por el dinero hecho y heredado de sus suegros.

 

 

 

El relato

 

Toda su vida era casi perfecta, para quien la viera desde afuera, pero en algún momento el velo del relato se levantó.
Entre sus incontables proezas, siempre narraba que había sido “arquero internacional”, hecho incomprobable por cierto. Se sabía que había jugado al fútbol en un club barrial de adolescente y nada más. Pero en ese aspecto, en sus años como deportista como le gustaba describir a su adolescencia, exagerar la realidad era una simple nota de color, inofensiva y pueril.
Evidentemente tenía una baja autoestima y necesitaba de la admiración constante de los que lo rodeaban. No tengo idea como fue su relación con sus padres, quizás fueron un tanto autoritarios y rústicos en su educación, pero no me consta. Era sabido que no había recibido educación formal, sólo había cursado la escuela primaria, pero, contrariamente como se esperaba, no ocultaba ese detalle sino que lo utilizaba para exaltar más aún sus hazañas personales, ya que ese detalle, el no haber concurrido a una escuela secundaria y mucho menos a la universidad, lo hacía todo aún más meritorio.
Así, fue construyendo la novela de su vida, omitiendo por un lado aquellos aspectos que no lo dejaban bien parado o que sembraban dudas sobre sus dotes; y por otro lado, adornando y exaltando hasta el extremo aquellos sucesos sobre los cuales cimentaba sus proezas.
Como tenía buen corazón, siempre trataba de ayudar a quienes lo rodeaban, así hizo que uno de sus yernos, casado con Ana su hija mayor, trabajara con él. Recién recibido en la universidad de ciencias económicas, se encargaría de la contabilidad de su negocio. Fue en ese momento que el relato comenzó a mostrar sus falencias.

 

 

 

La familia de Pedro

 

Pedro se casó con una atractiva joven de muy buen pasar, varios años menor que él. El destino quiso que tuviera dos hijas mujeres, Ana y Herminia, cuya educación encomendó a su esposa, según sus palabras. De haber tenido un hijo varón estimo que esa relación paterno filial estaba condenada a los extremos: o hubiera sido una relación de amor y admiración mutua, o de odio y enfrentamiento permanente.
A diferencia de su esposa, quien siempre fue poco demostrativa en sus afectos, Pedro tenía una marcada predilección por Herminia, su hija menor. Su hija mayor sufría con los desplantes que le propinaba, y veía como su hermana era beneficiada en términos económicos y de trato en muchas ocasiones por esa preferencia.- Ana digería como podía ese trato desigual, todo en pos de conservar lo más intacta posible la armonía familiar.
Ambas siguieron sus estudios una vez que terminaron la escuela secundaria, la mayor terminó un profesorado y la menor se recibió en la universidad de una carrera técnica.
Ese trato poco igualitario que tenía con sus hijas se acrecentó cuando presentaron a sus novios, ya que pareciera que los perfiles de parejas que habían elegido resultaba muy compatible en un caso con la personalidad de Pedro, y muy poco en el otro. Su hija mayor comenzó a salir con un amigo de su primo, un joven introvertido, intelectual y serio; su hija menor en cambio lo hizo con una persona extrovertida, ambiciosa y que parecía llevarse el mundo por delante. De alguna manera Pedro vio en el novio de su hija menor al hijo varón que el destino le negó.
Todo transcurrió en forma relativamente armoniosa hasta que la realidad asomó.
CONTINUARÁ

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