Ciclo Nuevo

Cuando la gente inteligente hace estupideces

Algo que siempre me llamó la atención es observar situaciones en las cuales gente inteligente comete torpezas; o, para decirlo con otras palabras, situaciones en las cuales gente inteligente se comporta estúpidamente.

 

No tengo una conclusión definitiva ni sé positivamente por qué suceden estas cosas, sin embargo podría distinguir algunas probables causas que explicarían el fenómeno:

 

  • Errores en la percepción de la realidad o en su comprensión

 

En algunos casos observé que la gente que yo considero inteligente realiza actos “no inteligentes” cuando no cuenta con información suficiente, o la misma está distorsionada, ya sea por factores externos a la persona o internos, como pueden ser prejuicios.

 

Como había escrito en un artículo anterior , ser inteligente implica conducirse por la vida hábilmente, enfrentando situaciones y problemas, superando obstáculos, y tomando decisiones. Para actuar, primero hay que observar claramente la realidad y comprenderla. Si no tengo demasiada información a mi alcance, o si no la proceso adecuadamente, las consecuencias a las que arribaré podrían ser equivocadas.

 

Si no veo bien el camino por el que conduzco con mi vehículo, es posible que efectúe maniobras que de tener el campo visual completo y despejado no realizaría.

 

Si veo que la piscina tiene agua, pero no me percato de la profundidad, una zambullida de cabeza quizás me provoque un fuerte golpe.

 

También los prejuicios pueden afectar las decisiones que la gente inteligente toma, por eso siempre hay que estar atento: los prejuicios de por sí no son ni malos ni buenos, en la medida en que no nos afecte el juicio y comprensión objetiva de la realidad, ni la toma de decisiones posterior.

 

 

  • Falta de opciones o de libertad para decidir

 

En otras ocasiones he podido observar que gente que analizó y comprendió debidamente la realidad se equivocó al tomar decisiones. Pero con más detenimiento pude darme cuenta que los actos estúpidos tuvieron sustento en la falta de opciones, en la poca libertad que tenía el sujeto para decidir.

 

 

Personas inteligentes versus actos inteligentes

 

Por todo esto, yo prefiero no juzgar a las personas como inteligentes o no inteligentes, con la gran gama de matices que existe entre ambos extremos. Juzgar a una persona de esta manera implica tener un grado de conocimiento de lo que esa persona percibió, qué sintió, cómo analizó los datos que recabó, qué opciones evaluó y finalmente por qué hizo lo que hizo.

 

Me parece que es más justo calificar de inteligentes a las decisiones, a las acciones que tomamos, más que a los sujetos. Si bien a las personas las conocemos a través de sus actos, no necesariamente la clasificación de estos últimos pueda ser trasladada a los sujetos.

 

 

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